Primero escuchen el siguiente archivo de audio:

Música para un hombre solo (MP3 – 02:17 – 1,58 MB)

Acaban de oír tres de las piezas que Robert Neville escucha en su casa de Los Ángeles mientras su vecino Ben Cortman le conmina a enfrentarse a él y a la oscuridad de la noche californiana: ¡Sal, Neville!

Robert Neville es alguien muy especial. Su particularidad no es que sea muy listo, fuerte, rápido, simpático o cualquier otra característica física o psicológica. No, es especial porque es el último hombre vivo sobre la faz de al tierra.

Lo es por obra y gracia de Richard Matheson, que le dió el papel protagonista de su novela Soy leyenda (I am legend), escrita en 1954.

20070170

“Soy leyenda”, de Richard Matheson. Ed. Minotauro.

En ella nos cuenta que en los años 70 una epidemia se extendió velozmente por el planeta, convirtiendo a las personas en vampiros. Por un accidente en forma de murciélago de su pasado, Neville estaba inmunizado. Eso podría ser algo estupendo en otras circunstancias. En las actuales, es una tragedia: Neville es el único hombre que pisa el planeta.

Su vida es rutinaria. Los días los pasa buscando alimentos y combustible; y aprovecha para matar a los vampiros que descansan alejados de la luz solar. Revisa su casa, que ha convertido en un extraño búnker protegido por cruces, espejos y ajos. Investiga la naturaleza de la epidemia.

Y escucha música.

A lo largo del libro, Neville pone los siguientes discos, por este orden, en su tocadiscos:

  • Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº3 en mi bemol mayor “Eroica”, op.55 (1803)
  • Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº7 en la mayor, op.92 (1811-12)
  • Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº9 en re menor “Coral”, op.125 (1817-24)
  • Arnold Schönberg: La Noche Transfigurada, op.4 (1899)
  • Roger Leie: El Año de la Plaga
  • Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta nº2 en si bemol mayor, op.83 (1878-81)
  • Leonard Bernstein: Sinfonía nº2 “La Edad de la Ansiedad”, para piano y orquesta (1948-49, rev. 1965)
  • Wolfgan Amadeus Mozart: Sinfonía nº41 en do mayor “Júpiter”, K.551 (1788)
  • Maurice Ravel: Suites nº1 y nº2 del ballet “Daphnis y Chloé” (1909-12)
  • Franz Schubert: Sinfonía nº4 en do menor “Trágica”, D. 417 (1816)
  • Sergei Rachmaninoff: Concierto para piano y orquesta nº2 en do menor, op.18 (1900-01)

Llama la atención que en su soledad Neville escuche tanta música clásica. Es más, el libro no incluye ningún otro estilo, excepción hecha de un carillón que entona la canción de Irving Berlin The Near Future (inquietante título para incluirlo en esta novela de ciencia-ficción).

Aislado en un mundo hostil y caótico, el orden de la música clásica es un pequeño y refrescante oasis, un alivio para Neville. La música lo entronca con su pasado como parte integrante de la humanidad. Cuando suena en su casa, parece como si nada hubiera ocurrido y su mujer e hija estuvieran a punto de entrar por la puerta.

Al final, en el nuevo mundo que se divisa desde su casa, esta música, como él, no serán más que leyendas.

Nota: Por cierto, no sé cuál es la pieza El año de la plaga, de Robert Leie: no he podido encontrar nada sobre ella o sobre el compositor. Nada de nada. Supongo que tanto el compositor como la obra son invenciones de Matheson para ligar la epidemia que asoló el mundo de Neville con la música. Si Matheson hubiera escrito su libro 10 años más tarde, quizás hubiera eliminado esta obra ficticia y hubiera incluido la cantata La peste de nuestro Roberto Gerhard (basada en el libro del mismo título de Albert Camus).